
“Se le cayó el alma a los pies ante el miedo de aquel descubrimiento inminente…”
Después Edith Wharton
En noviembre del 2016 fue puntero en la ruta 5 de un camión Scannia dentro del cual en El Quebrachal la gendarmería secuestró ciento sesenta ocho ladrillos de cocaína.
El domingo pasado en la misma ruta, a la altura de Yuchán, a quince kilómetros de Pichanal, encontraron entre los árboles de una cortina su cuerpo descompuesto con veintisiete puntazos, cuatro de ellos en el cuello.
Ricardo “Riqui” Ervas o Erva (45) estaba con condicional desde febrero cumpliendo una condena de seis años y seis meses por la carga del Quebrachal.
Era cuñado de Delfín Castedo y encargado de la finca El Pajeal en la frontera de Salvador Mazza cuando el clan empezó a caer en desgracia.
Estaba de cúbito dorsal, devastado por la acción de la fauna cadavérica. Sin rasgos.
Oriundo de Tartagal, se decía albañil, figuró prófugo de Interpol y en los medios mano derecha de los Castedo.
Vincular su asesinato a la droga es una obviedad.
