
“insinuaciones opacas que revelaban y ocultaban a medias…”
Historia de una hora Kate Chopin
En el cuartel de bomberos de Aguas Blancas menos se apagaban incendios que se traficaba droga. Lo supimos cuando en marzo del 2024 los pillaron con más de trescientos kilos de cocaína dentro del móvil de la institución. La causa avanzó al declarar como arrepentido el chofer, Nahuen Galarza, hijo del jefe del cuartel. Dijo que el dueño de la droga y encargado del embarque era un ex bombero, amigo suyo, vocalista de un grupo de cumbia en el que tocaba, con el que habló varias veces el día del viaje frustrado nombre Carlos Enrique Robert Castro. Ese pisamiento de manguera le permitió una condena reducida de cuatro años y seis meses de prisión. Otros tres compañeros o ex compañeros fueron condenados. Ocho años la pena más severa.
A todo esto Castro con captura nacional e internacional trabajaba en una finca, venía diariamente a Orán, anotó a su hijo en el registro civil, sin saber, dijo en el Juicio que lo buscaban. En Julio del 2025 fue detenido al caer internado al hospital. Lo acusaron de lo que el colaborador Galarza lo acusaba. En su contra había unas comunicaciones telefónicas con un teléfono que suponían era de Castro. Del dicho al hecho había un insalvable trecho.

Hoy juzgaron a Castro. Lo defendió el abogado Joaquín Velez. Tenía muchos elementos concretos para la inocencia de su cliente incluida la razón por la que Galarza lo inculpó.
El dueño de la droga era un caponarco de Tarija a cuya lujosa y protegida vivienda habían ido a tocar con el grupo de cumbia, en esos días lo asesinaron de cinco tiros en la cara, destino aterrador esperable si lo delataba. Castro fue la mentira que lo puso a salvo.
El tribunal oral en lo criminal federal dos de Salta integrado por los Jueces Federico Bothamley, Ana Carina Farias y Diego Matteucci -portada- falló absolviendo por unanimidad a Castro.
La acusación, en el debate, hizo agua.
