

“Pra ver a banda pasar cantando coisas de amor…”
La banda Chico Buarque
La materia degustación de sapos debería integrarse a los planes de estudio en las carreras de periodismo. Tragarse sapos forma parte de la profesión.
Hay que entrenar el paladar para que la caca de rata te sepa a caviar de esturión del mar Negro.
Degustamos el último sapo el pasado 17 de noviembre cuando se informó la detención de las cuatro personas que habían asaltado una casa del 20 de Febrero, trabajo de investigación inmediato de la destartalada Brigada de Investigaciones emparchada con suplentes desde aquel robo millonario en sus oficinas.
No era el auto que vieron los asaltados. No encajaba la fisonomía pero el “Paisanito” Bejarano con un caudal importante de antecedentes en Jujuy y Salta hacía encajar todas las piezas. Era raro que un tipo con tanta experiencia en robos armara tan desprolija aventura por trescientos mil pesos.

Antes que la piel fría del sapo nos llegara al estómago publicamos la caída de la banda Paisanito. Bueno, no eran. Hoy los liberaron a todos. A la hora del asalto estaban en un comedor, los vieron por las cámaras, declaró la moza que los atendió. Los defendió el abogado y ex Policía Sergio Herrera, predador de Paisanitos en su época de Investigaciones.
El empleado municipal involucrado y cesanteado quedó también en el limbo de ¿cómo se come este sapo?. Lo atiende el abogado Illezca.
Hay que cerrar los ojos y tragárselo.
